OBLIGACION O NECESIDAD DE LA CONTABILIDAD?

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Desde hace muchos siglos, el hombre ha cultivado y producido bienes y servicios para su propio consumo y el de los demás.  Antes de que apareciera la obligación legal de llevar la contabilidad y pagar impuestos,  surgió la necesidad de cuantificar la existencia de los bienes  con el fin de tomar decisiones sobre e l propio consumo.

Tanto la tienda de la esquina como la empresa multinacional necesitan conocer los resultados de sus operaciones al final de un periodo (mes, semestre, año) y comparar  el patrimonio que tenían al comienzo del mismo  con el que tienen al final, para controlar su consumo.

 

Cuando el procedimiento contable muestra, pero el patrimonio que hay  al terminar el periodo revisado es inferior al que se tenía al comienzo del mismo, se debe de verificar si hay errores en la contabilidad por ingresos o gastos mal  relacionados, o si ello se debe a la falta de disciplina en el manejo de los gastos personales (como se dice popularmente, “se están comiendo la utilidad”).

Mi experiencia en varias compañías  me ha llevado a la conclusión de que una empresa sin contabilidad,  o en la que no se use la contabilidad como herramienta para medir costos e ingresos y para revisar la forma en que se está utilizando el dinero, es como un velero sin timón en medio del mar: Puede irse en cualquier dirección. En este punto vale la pena traer a colación tres casos ilustrativos.

Los dos primeros hacen referencia a clientes que descuidaron el aspecto contable en sus operaciones económicas, y el tercero a uno que si lo tuvo en cuenta.

A la primera persona se le presento la oportunidad para hacer un negocio,  pero debía tomar la decisión  en forma inmediata. Si compraba una mercancía, la podía  vender al día siguiente con un margen de utilidad relativamente alto, pero debía girar un cheque para realizar la compra.   El saldo de su cuenta, y como no tenía dinero disponible se animo a hacer el negocio. Compro la mercancía  y la vendió rápidamente,  pero ¡oh sorpresa!… al dia siguiente lo llamaron de una entidad financiera  a la que había girado un cheque que posfechado para cubrir una obligación; el banco pago el cheque de la compra, pero devolviera de la entidad financiera por falta de fondos.  En consecuencia,  la entidad le cobro el 20% de sanción que autoriza el código de comercio para estos casos, y le facturo intereses de mora.

Al final, la utilidad del gran negocio resulto menor que el costo del incumplimiento en el pago del cheque posfechado.

El segundo de mis personajes tenía un negocio muy bueno.  Le llevaban mercancía los días jueves la cual pagaba a sus proveedores con plazos de 30, 60 y 90 días y entre el viernes y el domingo vendía el 80% de la misma. Tenía una buena rotación de inventario. En una oportunidad le ofrecieron unas fincas, que eran el negocio de su vida. Giro los chequees correspondientes y se quedo sin dinero para cubrir los que había girado  a las personas que le debía la mercancía  para su empresa. Esto le acarreo serias dificultades económicas y crediticias, pues los proveedores no le volvieron a despachar mercancía, o le despachaban de menor calidad,  causándole la perdida de la clientela  que había logrado con tanto esfuerzo  de tantos años de trabajo y de servicio. Como consecuencia,  la rotación de inventario bajo drásticamente, y con ella el margen de utilidad, hasta llegar la empresa a la quiebra. El protagonista de este caso  termino sin fincas, sin empresa y sin quien le diera crédito.

Veamos  un poco en detalle como llego a esta situación:

A la compra de las cuatro fincas, sumémosles los gastos de sostenimiento  de las mismas, más los de los cinco vehículos que habían adquirido en la misma forma que ellas, más los gastos personales. Para sufragarlos, el personaje tenía que  tomar dinero de las ventas de la empresa

Tantos asuntos nuevos que atender  lo llevaron a descuidar la empresa que tantas satisfacciones le había otorgado, llevándola  una crisis de liquidez, o sea,  con los bienes representados en activos fijos pero sin efectivo para pagar a proveedores y otras obligaciones. Para resolver esta situación, la única alternativa era vender algunas  propiedades e hipotecar  otras; al momento de vender, sin embargo,  por la premura en que se encontraba, se vio obligado  en recibir una parte en dinero y otra parte en vehículos de servicio particular y propiedades  de finca raíz, que también debió  vender a menor precio del que había pagado.

En cuanto a las hipotecas, pagaba altos intereses que también  eran solventados por la empresa,  la cual, para cubrirlos, debía aplazar los pagos a proveedores y otras obligaciones adquiridas. Al gastar todo este dinero en cosas que ninguna rentabilidad producía, la situación se fue tornando cada día peor hasta que llego el momento que no pudo pagar  más los intereses, viéndose forzado a entregar  los pocos bienes  que le quedaban a precios muy inferiores a los comerciales.

Debemos hacer claridad en que el error no lo cometió al comprar las fincas, ya que una finca por lo general se adquiere con el fin de producir frutos agrícolas o ganaderos que retornen la inversión  en un tiempo determinado, además de representar una actividad agradable para quien se puede dedicar a ella.  En mi camino he  conocido muchos empresarios que han encontrado en el trabajo del campo una saludable salida al estrés que les produce la agitada vida cotidiana.

Pero también me he topado con otros que no supieron encausar  esta alternativa y terminaron cometiendo errores como construir una mansión  en el campo con comodidades suntuosas, teniendo para ello  que sacrificar  la empresa que les permitía vivir dignamente y, en muchas ocasiones, los bienes adquiridos con largos años de trabajo. En el caso de nuestro amigo, sus  fincas no le producían los ingresos necesarios para cubrir los gastos.

Si hubiera tenido en cuenta la contabilidad, ¿habría fracasado de esta forma tan absurda? Seguro que no,

Los dos casos que acabo de relatar son claros ejemplos  de la perdida de patrimonios considerables como consecuencia de la indisciplina y el inapropiado  manejo financiero. Ahora presentare un ejemplo con sentido contrario:

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